Haciendo camino hacia la salud

Una gran parte de la población del primer mundo sufre una inflamación de bajo grado, que es una inflamación no perceptible, no visible y con síntomas no alarmantes. Esta inflamación -generalizada, que puede afectar a todo el organismo- de bajo nivel es habitualmente debida a los malos hábitos alimenticios, falta de descanso correcto, sufrir estrés de forma sostenida y tener unos hábitos de vida sedentarios.

Muchos de nosotros no tenemos buenos hábitos alimentarios. A menudo existe en nuestra dieta un exceso de productos procesados ​​(o ultra procesados) de alto contenido en almidón y azúcares, cosa que altera el funcionamiento de nuestro sistema digestivo: estos alimentos requieren menos tiempo y proceso para ser digeridos, razón por la que provocan incrementos más repentinos de azúcar en sangre. El problema con estos altibajos (picos) de azúcar en sangre es que se fuerza el páncreas a producir insulina a todo trapo, y eso hace que a menudo se produzca con exceso. Entonces, de repente, nos encontramos con elevados niveles de insulina en sangre que provocan una caída del azúcar en sangre por debajo de lo normal, y entonces sentimos nuevamente que tenemos hambre.

El desgaste de insulina interfiere en el buen funcionamiento del hígado, lo que agrava el estado inflamatorio de baja intensidad. Además, estos desniveles contribuyen a fomentar obesidad y otras enfermedades de las que más tarde hablaremos.

¿Qué síntomas pueden asociarse a la inflamación de bajo grado?

Cuando nos encontramos en este estado inflamatorio, nuestro sistema inmunitario se altera y entramos en “pre enfermedad” y aparecen síntomas que indican que algo no funciona bien:

  • Por la mañana, nos levantamos cansados.
  • Nos despertamos por la noche.
  • Sufrimos malas digestiones o digestiones pesadas y tenemos problemas recurrentes de gases.
  • Tenemos dolor de cabeza y migrañas.
  • Sufrimos dolores menstruales.
  • Aparecen alergias respiratorias y alimentarias y/o problemas en la piel.

Esta inflamación de baja intensidad -pero que se presenta de forma constante- se mantiene en el tiempo. Nuestro sistema inmunitario se agota (como una batería) y nos envía señales confusas y pone en pre alarma órganos vitales como el hígado, el páncreas, los riñones, el corazón y la musculatura.

Si no prestamos atención a tiempo a este estado, la inflamación, poco a poco, se extenderá hasta zonas vecinas de nuestros órganos vitales, se inflaman las zonas cercanas al intestino, como en el caso del dolor lumbar inespecífico, no mecánico, constante y que aumenta en intensidad por la noche. Si este estado se agrava y se prolonga en el tiempo, aparecerán enfermedades crónicas como obesidad, Diabetes de tipo 2, migrañas severas, hernias lumbares, tendinopatías…

De todas estas patologías anteriores, un 30% tienen una base genética, pero el 70% restante tiene origen en nuestros hábitos. Por tanto, a pesar de la predisposición genética, una gran parte depende de nosotros, de cómo mejoramos ante un problema de salud y, sobre todo, de cómo nos cuidamos en el día a día. Tener predisposición a padecer una enfermedad no significa estar enfermo; significa, simplemente, que hay que nos cuidamos más.

¿Qué podemos hacer para hacer camino hacia la salud?

Todo el mundo quiere disfrutar de una vida saludable, pero nunca encontramos el momento para iniciar el cambio. Puede parecernos muy complicado hacerlo, pero simplificaremos al máximo una “lista de indispensables” que pueden ayudarnos a detener inflamación de bajo grado, si es que la padecemos. Se trata de consejos para disminuir los síntomas y también para no sufrir una inflamación de bajo grado y una cadena de eventos fatales.

  1. Practiquemos ejercicio físico. Si es posible, mejor en ayunas. O, por lo menos, cuatro o cinco horas después de comer, para quemar reservas de grasa en lugar de glucosa procedente de los alimentos.
  2. Alimentémonos con comida saludable, evitamos procesados. Comamos fruta, verdura, carne de animales libres, huevos procedentes de aves que viven en libertad, pescado (mejor pescado pequeño y de pescadería), aceite de oliva.
  3. Bebamos agua, y mejor si es mineralizada. Hay que beber siempre que tengamos sed y hacerlo bebiendo una buena cantidad, que nos quite la sed (no a sorbitos).
  4. Tomemos el sol todos los días del año y con moderación y sentido común para activar la vitamina D. En épocas del año en que el sol es más vertical (en verano), hagámoslo sin llegar a ponernos rojos.
  5. Hay que dormir bien, descansar entre 7 y 9 horas. Evitemos trasnochar y procuremos -buscando la comodidad máxima- que el sueño sea reparador.
  6. Evitemos el estrés, tanto como sea posible. Disfrutemos de nuestro día a día.

Si podemos hacer los cambios necesarios para incorporar estos consejos en nuestra rutina, observaremos un aumento de nuestra energía física y los síntomas inflamatorios -si es que los sufríamos- disminuirán. El siguiente paso será disminuir el número de las ingestas de alimento, limitándolas como máximo a tres al día, y únicamente cuando tengamos hambre. En caso de hacer tres ingestas como máximo, deberíamos comer hasta sentirnos satisfechos (llenos, pero no llenos en exceso) y basándonos en comida saludable, evitando como hemos dicho la ingesta de procesados.

Tratemos de hacer lo posible para que, entre cena y desayuno del día siguiente, pasen 12 horas o más. Si es necesario, podemos cenar más temprano y desayunar más tarde por la mañana. Esto lo haremos para dar margen durante la noche a órganos como el hígado y el páncreas a hacer su trabajo: el hígado filtrando y quemando las reservas de grasa y transformándolas en energía. El páncreas se regulará, dejará de producir insulina tan a menudo y podrá descansar. Y el intestino dejará de producir ácidos de forma continua, y esto rebajará la inflamación que pueda existir en las paredes intestinales.

Controlar la frecuencia de las ingestas, pues, también ayuda a rebajar la inflamación de bajo grado y minimizar los síntomas.

En momentos difíciles, como este que estamos sufriendo, valoramos más que nunca NUESTRA SALUD. Es el momento de tomar el control de ésta y dejarnos de excusas. Hay que cuidarnos como nos merecemos.

En #Kilabe, nos tomamos en serio su salud y velamos por nuestros pacientes, pero la parte más importante para hacer el cambio necesario está en sus manos. Nosotros estaremos, siempre que sea necesario, para resolver las dudas y ayudar con terapia visceral, pautas de ejercicios y disminuyendo dolores referidos. De esta manera le ayudaremos a disfrutar de una mejor salud.


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